lunes, 18 de abril de 2011

Y tú, ¿a qué tienes miedo?

“Esto no puede estar pasando” se decía una y otra vez intentando convencerse, pero no podía, sabía que todo era real y que nada de lo que estaba viviendo era parte de un sueño. Intentó evadirse pensar en momentos mejores pero nada desviaba su atención. Ese momento estaba pasando, notó como sus músculos se tensaron, como su vello se erizó y pudo ver como sus intenciones eran cada vez más claras. Se dirigía hacía él, no había escapatoria.
  De repente, sintió como algo caía por su frente descendía lentamente casi de forma molesta haciendo más lenta la agonía. Dibujó una forma sinuosa, bajó por su mejilla y murió en su cuello. Supó que era una gota de sudor, sudor que surgia de dentro, de su inquietud e impotencia. No podía resistirse sabía que había llegado la hora pero quería luchar, tenía que luchar. Buscó a su alrededor algo a lo que aferrarse, poder escapar de algún modo, oyó voces pero las sentía lejanas casi inalcanzables. Una presión incomprensible se cernía sobre él todo estaba tan cerca y a la vez tan lejos, quiso gritar, pedir ayuda pero la voz se le atragantó y ya no pudo seguir.
Quiso desaparecer pero la realidad era cada vez más aplastante, se acercaba lenta e  irremediablemente, y no podía hacer nada, tocó su brazo y miró para otro lado.
Era fría como el acero, el símil era verdad, lo había oido mil veces pero nunca sentido de aquella manera. Miró hacía otro lado y lo sintió. De repente su cuerpo reaccionó ante la agresión y las naúseas subieron hasta su garganta, pero se reprimió. La cabeza le daba vueltas y sin embargo no tuvo consideración, la punzada fue limpia y llegó hasta el fondo ya no había vuelta atrás, todo había acabado. De la zona de la incisión brotó un filo hilo rojo intenso, cada vez más y más, y se sintió desfallecer, su vista se nubló y sus sentidos fallaban. Pensó que nunca más volvería a abrir los ojos, que nada de lo que había vivido se comparaba.
Y cuando menos lo esperaba, de la nada surgió un sonido, algo etéreo y sin sentido, intentó centrarse, enfocar su percepción al estímulo. Detectó la dirección del ruido y lo siguió, poco a poco fue situándose y formando un contexto. Una voz femenina, sumó uno más uno y descubrió que se dirigia a él vocales y consonantes, en definitiva palabras. Ya notaba la claridad, pudo abrir poco a poco los ojos y la vió. Era rubia y con ojos marrones, miró sus labios intentando descifrar el código y su mente volvió a la realidad.

-  ¿Está usted bien?Nos ha dado un susto de muerte, no todas las personas reaccionan así ante una aguja. La próxima vez que venga a sacarse sangre mentalicese del momento que va a pasar.

En ese preciso instante pensó que realmente su miedo hacía las agujas iba más allá que una simple animadversión.  “Sí, definitivamente debo ir a un especialista”.

Lo que para unos es un simple trámite puede resultar para otros un trance al que nunca se le ve el final. Y tú, ¿a qué tienes miedo?.


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